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Ciudad y Utopía — La Cité Industrielle de Tony Garnier
Sección reproducida del libro *Ciudad y Utopía* (compilado por A. Satō). Cubre la Cité Industrielle de Tony Garnier (1901/1904/1917) y cierra con el salto que dio Le Corbusier en 1922 desde la representación urbanística hacia la técnica. Linaje conceptual directo del urbanismo del que Ciudad Jardín, Lomas del Palomar es heredero.
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El libro *Ciudad y Utopía*, compilado por A. Satō, reúne textos sucesivos de cuatro figuras del pensamiento urbanístico de los siglos XIX y XX:
- Robert Owen (1771-1858): los falansterios y la colonia de New Harmony (Indiana, 1825).
- Charles Fourier (1772-1837): el falanstério y las series pasionales.
- Tony Garnier (1869-1948): la Cité Industrielle, proyecto de ciudad para 35.000 habitantes presentado en el Grand Prix de Roma de 1901, completado en 1904 y publicado en su forma definitiva en 1917.
- Le Corbusier (1887-1965): la Ville Contemporaine pour trois millions d'habitants, presentada en el Salon d'Automne de 1922.
El fragmento reproducido en este PDF corresponde a la sección sobre Garnier y su transición a Le Corbusier. Es la pieza más interesante del libro para entender el linaje conceptual que va de Howard (1898) a Garnier (1901/1917) a Le Corbusier (1922) —el mismo que, leído por FINCA, dio forma a Ciudad Jardín, Lomas del Palomar en la década de 1940.
Qué dice el texto sobre Garnier
Tony Garnier se formó en la École des Beaux-Arts de Lyon (su ciudad natal) y luego en París. En 1901 presentó su primer proyecto de ciudad industrial como trabajo del Grand Prix de Roma; las autoridades académicas lo rechazaron. Para ajustarse a la exigencia del concurso, Garnier construyó con profesionalidad el proyecto tradicional de reconstrucción de Túsculo, la ciudad de Cicerón, mientras seguía elaborando su propio modelo. En 1917 publicó la versión completa.
Aunque el proyecto constituye un modelo general, Garnier lo piensa sobre un emplazamiento real: una planicie del sur de Francia, con un lago al norte y un valle regado por un río al sur. El elemento principal del sistema es una represa hidroeléctrica que alimenta de energía a las industrias de cuya economía depende la ciudad. El simulacro gana verosimilitud por su inserción territorial concreta.
La tradición académica francesa del siglo XIX estaba íntimamente vinculada con la ingeniería de las construcciones, donde la constructividad del objeto (siempre arquitectónico) era el único camino para la realización del proyecto. Garnier traslada esos métodos y conocimientos al plano de las representaciones urbanísticas: elabora un proyecto para 35.000 habitantes, con la minuciosidad del constructor, aplicando la tecnología del hormigón armado e incorporando elementos de la urbanística decimonónica. El objetivo habla de un bienestar general para el conjunto de la población, donde inclusive se puede llegar a prescindir de los servicios policiales, aplicando los remedios motores de una sociedad sana física y moralmente: salud, higiene y educación son temas en los que Garnier insiste permanentemente.
En otros aspectos, la Ciudad Industrial avanza sobre las limitaciones del urbanismo del siglo XIX: tiene en cuenta el concepto de región (admite crecimientos futuros en su misma estructura), organiza el espacio urbano de acuerdo con las diferentes funciones específicas, separa la industria del resto mediante un cinturón verde (que el texto anota como característico de la planificación soviética de los años veinte), define áreas residenciales, centro administrativo y gubernamental, organiza el sistema de tráfico en función del resto (la estación del ferrocarril ingresa al corazón administrativo a través de túneles subterráneos), diseña grandes edificios para el deporte, baños de agua y de sol, y reglamenta las viviendas con ordenamientos perpendiculares a las vías de circulación rápida —resolviendo el problema de la calle-corredor— con lo que anticipa la urbanística de la socialdemocracia.
El texto cierra la sección de Garnier con la observación de que, en Lyon, Garnier contó con el apoyo y estrecha colaboración de Édouard Herriot (alcalde por el partido radical), que le permitió desarrollar un amplio programa de realizaciones —los Grands Travaux de la Ville de Lyon— cuyos edificios se identifican con algunos pasajes de su Cité Industrielle: el simulacro fue llevado parcialmente a la realidad.
El salto a Le Corbusier
La sección sobre Le Corbusier abre con un panorama biográfico y de método: su pertenencia a la generación de los "maestros" de la arquitectura moderna, su formación en la plástica cubista, su conocimiento de la tradición clásica, y su exploración inicial —con gran capacidad de asombro— de los productos de la sociedad tecnológica (automóviles, aviones, barcos, elevadores de granos, mingitorios, válvulas). El sistema de valores que vertebra su obra se sitúa, en última instancia, en la tradición clásica: la belleza como atributo de la utilidad.
El texto describe cómo Le Corbusier pasa del urbanismo de la socialdemocracia (viviendas en cantidad suficiente) a una intervención urbanística de la cual se extrae un cuerpo sólido de teorías en materia de organización de áreas residenciales —todavía hoy sin sustitutos—. Sus proyectos de vivienda —Dom-ino, Monol, Troyes— interesan especialmente al problema del diseño arquitectónico.
En julio de 1922, Marcel Temporal (director de la sección de urbanismo del Salon d'Automne) le propone realizar un proyecto cualquiera para presentarlo en la exposición. En noviembre se inaugura el evento y Le Corbusier hace un despliegue de planos, dibujos y textos que hacen referencia a un modelo urbano gigantesco: una Ville Contemporaine, para tres millones de habitantes, tan grande como París. El proyecto despierta asombro, furias y entusiasmo. Pero allí estaba, dice el texto, cuando ya se había producido "el corte definitivo entre la representación y la intervención técnica, integrándose en la llamada ciencia" urbanística.
Por qué importa para el barrio
Howard (1898), Garnier (1901/1917) y Le Corbusier (1922) son las tres patas del linaje que FINCA leyó y tradujo al conurbano bonaerense. Lo que Howard nombró (garden city) y Garnier operacionalizó para un sitio concreto (Cité Industrielle), Le Corbusier lo proyectó a escala metropolitana y lo publicó como manifiesto. Cuando Erich Zeyen, Germán Wernicke y los socios de FINCA planificaron Ciudad Jardín a partir de 1930 y empezaron a construirla en 1943, todas esas ideas estaban en circulación.
El cinturón verde industrial de Garnier —separable del resto, permanente, condición del modelo— anticipa lo que Ciudad Jardín, Lomas del Palomar intentó ser: una ciudad con límite, no un suburbio sin forma. Que el cinturón verde también aparezca en las Greenbelt Towns norteamericanas del New Deal (1935-1938) no es casualidad: es la confirmación de que la idea se había vuelto idioma común del urbanismo de entreguerras.
Acceso
- PDF en este sitio (descarga local, OCR + limpieza tipográfica): sato-ciudad-y-utopia-garnier.pdf (10 páginas).
- Libro físico: Ciudad y Utopía, compilación de A. Satō. ISBN a confirmar.